A estas alturas el
público lector tiene conocimiento suficiente de la relevancia de la figura que
como poeta y como personaje al filo del siglo XX ha tenido el portugués Fernando
Pessoa. Es tierna la miniatura que de él
hace Marchamalo para Nórdica, nunca caricaturesca; un homenaje sentido por
Pessoa, compasivo, escrito bajo el auspicio de una devota admiración. Las
anécdotas se suceden hiladas al curso biográfico del poeta; casi todas son
conocidas: la infancia en Sudáfrica, su abuela materna Dionísia, tocada por el
hada de la locura cíclica; la correspondencia y el amor platónico por Ofelia,
las inversiones en imprentas, las revistas que fundó, el alcoholismo, el miedo
a las tormentas.
Jesús Marchamalo, como antes lo hiciera con Baroja y con
Kafka, vuelve a demostrar sus dotes para resumir con una prosa bella y
elegante, en unas pocas páginas, las peripecias vitales del que posiblemente ha
sido el mayor renovador de la poesía moderna europea. El libro es una
conversación entre literatura biográfica y arte, donde la escritura descriptiva
de Marchamalo se deja invadir por las impresionantes imágenes en blanco y negro del polivalente artista Antonio Santos
(Huesca, 1955). No sé si el
libro, de formato pequeño, pero de lectura cómoda y con letra grande, se podría
considerar una novela gráfica: sí que es, en todo caso, una narración
ilustrada. La colaboración entre Marchamalo y Santos se inició en La
Vanguardia. Juntos fueron los responsables de una estupenda colección de
escritos llamados Historias privadas de libros y autores, en los
que el escultor y pintor oscense retrató a variopintos e ilustres personajes de
la literatura: Joyce, Nabokov, o Woolf,
entre otros.
El Pessoa de Jesús
Marchamalo es un caminante, un flâneur pero
distinguido y a la portuguesa, que pasea presuroso por las calles y barrios de
Lisboa (La Baixa, El Chiado o el Barrio Alto) a resguardo de la lluvia con su
sombrero típico, abombado, con gafas y con la pajarita, mal anudada, lacia como un pájaro muerto sobre el
cuello de la camisa de un blanco nuclear -en palabras de
Marchamalo-, el paso resuelto, airoso, diríase marcial bajo la
gabardina, como una estatua premonitoria de sí mismo.
De su infancia
describe Marchamalo que era "un niño
enfermizo, de constitución endeble, (...) la pasó con anginas, toses huecas,
estornudos y olor a linimento; las costillas marcadas en el pecho, la piel de
una palidez inmaterial y los ojos oscuros, húmedos como el clima, y marcados
por una sombra de fatalidad, pelo corto y labios apretados." El
portugués perdió perdió con cinco añoos
a su padre, Joaquim de Seabra Pessoa, funcionario de la Secretaría de Estado y
crítico musical del Diário de Notícias, víctima de una tuberculosis. A Pessoa
le gustaba la música, pero, por encima de todo, estimaba el valor de los
libros. Su madre, eso se cuenta, escribía versos. Pessoa invierte el dinero de la herencia de su abuela
Dionisia en comprarse una pequeña imprenta: Empresa Íbis. Tipografía Editora,
en el barrio de Gloria. Años más tarde volvería a retomar la tentativa de
empresario con la editora Olisipo. El alcohol y la soledad fueron
compañeros inseparables en su vida rutinaria de oficinista y de traductor por
encargo de asuntos burocráticos. "Tuvo
desde pequeño, siempre a su alrededor, una constelación de espectros protectores"
apunta Marchamalo. Escribía sin cesar y guardaba
todos sus legajos en el viejo y ya famoso arcón, amarillento, del mismo color
que sus dedos teñidos por la nicotina. Tal vez huraño y peculiar al
trato, Pessoa era un fumador empedernido que frecuentaba con cierta asiduidad
las tascas y vinaterías de la ciudad. Murió en
el Hospital de São Luís dos Franceses de Lisboa, posiblemente de una hepatitis
fulminante, recién afeitado, sin la
pajarita torcida y pidiendo que alguien le acercara sus gafas. (¿Cómo se iba a
perder su vista ese momento?)
Nórdica
-y el dúo Marchamalo-Santos están dando fruto anual de biopics de grandes escritores. Esperemos que con Pessoa no se
cierre la serie y que pronto (eso sí, habrá que esperar a invierno, que es
cuando los publican) salga un nuevo libro-objeto como éste para sumarlo a la
estantería.
Aitor Francos

No hay comentarios:
Publicar un comentario