ENTREVISTA A RAMIRO GAIRÍN
Empezamos por la más difícil, me temo. Entiendo que
para lo que a esta entrevista se refiere, es un ingeniero de montes zaragozano
que escribe poemas, y que ha publicado algunos libros. Para definirme más en profundidad,
creo que ya se necesita a los demás.
¿Qué atributos y virtudes, qué sensibilidades,
definen a un auténtico poeta?
Me gusta y empleo siempre que puedo una definición
de Juan Marqués que dice que el poeta debe tener algo que decir, y saber decirlo
con algo belleza y algo de misterio, entiendo que para que su experiencia, lo
que comunica, sea capaz de convertirse en algo universal. Pero como ingeniero
que escribe poemas no me veo todavía teorizando sobre la auténtica poesía.
¿Dónde empieza el poema y dónde terminan las
palabras? ¿Es la poesía, siguiendo a Foucault, lo inconsciente por saber, lo no
pensado?
Me alineo con quienes dicen que gran parte del
poema está en lo que no está, en lo que se deja fuera, en los espacios/silencios
que presenta. Creo que hay mucho poema en todo lo que el lector pueda rellenar
entre los huecos de los versos que tiene escritos delante. Amigos: / esta vida/ nos oculta algo, dice Corredor-Matheos. Ahí
está la poesía, desde luego. Pero también en lo que se nos muestra a plena luz,
en lo que de puro evidente y cotidiano no nos dice nada hasta que alguien lo escribe
y lo convierte en poesía. Es lo que intento hacer yo.
¿Qué prefieres, transgresión o calma?
No hay por qué elegir, creo. Yo escribo una poesía “de
la calma”, horaciana, de la búsqueda de la felicidad en el día a día. Pero me
gusta leer de todo; hay poesía con la que conecto que puede resultar
transgresora o tener esa etiqueta, y que disfruto, y otra que no, por mucho que
sea destacada por crítica y público. Por suerte hoy se publica en editoriales
de distinto signo poesía muy variada.
¿Aparece el texto con la precisión de un resorte
mecánico que se dispara o eres proclive a rumiarlo y también a enmendarlo y
revisarlo obstinadamente una vez escrito?
Soy rumiante, sin duda. Aparecen algunos versos
como por resorte, dos o tres que a lo largo de una tarde se convierten en ocho
o diez. Pero luego empieza el juego: arreglos, versiones, toqueteos... Pasados
a limpio, pasillo arriba, pasillo abajo, cuando estoy solo en casa o por las
noches, los repaso mil veces, los reordeno, decido quitarlos del conjunto años
después...Mis poemas, que suelen ser breves, son obstinadamente revisados y
reescritos.
Recuerdo haber escrito en algún aforismo reciente
que el poema ha de leerse en una de estas dos posiciones. O en una oscuridad
casi completa, o ante una claridad provocadora. ¿Estoy en lo cierto?
Yo lo cumplo, desde luego. Yo leo poemas por las
noches, en el sofá, bajo la luz amarillenta de la lámpara de la mesilla, o
caminando por la calle a plena luz del día; si hace sol, debo ponerme gafas
oscuras para que no me deslumbre la página.
Sobre tu último libro, ¿qué es Lar?, ¿cuál es su
significado? Háblanos del libro. Si no me equivoco, empieza con un verso de
Lezama Lima, que Caballero Bonald empleó para titular una de sus novelas: Toda
la noche oyeron pasar pájaros. En él se pone de manifiesto la disciplina de
escribir sencillo, la poesía reducida a un hormigueo dialéctico y amoroso.
El verso con el que comienza es, realmente, una
anotación de los diarios de Colón antes de tocar tierra en su primer viaje (hay
partes redactadas en tercera persona en ese diario). La presencia de los
pájaros toda la noche indicaba que se encontraban cerca de la costa. Llegaban a
su destino y, a su vez, como era un destino desconocido, empezaba una aventura.
Lo mismo ocurre con los “protagonistas” de Lar.
Porque Lar añade una nueva colección de
pequeños poemas a la obra en marcha que se inició con Que caiga el favorito y cogió vuelo en Por merecer el día (todos publicados por Prensas de la Universidad
de Zaragoza, en su cuidadísima colección poética “La Gruta de las Palabras”).
En todos estos libros, se convierte a los amantes en sujetos poéticos y a su
amor en una teoría del conocimiento.
Lar en concreto se funda sobre las
diferentes acepciones del término que lo titula: los amantes han llegado a su
lugar en el mundo, el hogar compartido, y a su vez la amada desempeña el papel
de los lares, antiguas divinidades domésticas, dando sentido a ese hogar. Se
organiza en tres bloques (Física, Ética y Lógica) a la manera en la que
organizaban sus sistemas filosóficos las filosofías helenísticas, que estaban
más preocupadas por aprender a saber vivir que por explicarse las causas
últimas de las cosas. Los amantes ahora deben aprender a vivir en su nuevo lar,
y así construirlo.
El mar en el
buzón conspiraba desde un estilo indirecto, abstracto, si cabe, desde la
prosa poética.Aguanieve, en cambio,
lo integraban poemas construidos con haikus encadenados. ¿Cuánto hay de cambio,
de evolución?
Yo creo que en mi poesía hay dos líneas, o una
línea y algunas fugas o escapes. Por un lado, esa obra en marcha, esos libros
que van formando un gran cancionero, del que la última y reciente entrega es Lar. Por otro lado, otros libros que han
ido surgiendo por el camino y reúnen poemas que han querido ser escritos de
otras formas: los poemas más irracionales o crípticos de mi primer libro, Pintar de azul los días laborables; los
poemas en prosa de El mar en el buzón,
que contaban una historia; los haikus encadenados de impresiones del paisaje
urbano en Aguanieve... Creo que eso
que se llamaría una voz propia hay que buscarlo en los libros de “La Gruta de
las Palabras”, y el intento de ser otro, hacer cosas diferentes, disfrazarme,
está en los demás libros.
En tu caso, ¿qué es lo que haría la función de
marco en un poema, qué lo sostiene?
El marco de mis poemas es mi ecotopo. Jesús Jiménez
copiaba en Facebook un poema de mi libro Lar
hace unas semanas (“Higos de San Lorenzo”) y me proclamaba el William Carlos
Williams aragonés. Más allá de la honrosa y evidente exageración, tan
aragonesa, esto me sirve para contestar a tu pregunta. El marco referencial de
Williams era su Paterson y las cosas que en él le pasaban, el mío es mi hábitat
(incluyendo espacio físico, personas con las que convivo, la mujer que amo) y
lo que conozco y aprendo del mundo a través de todo ello para vivir, como diría
otro poeta, totalmente de acuerdo con la vida.
En El mar en
el buzón está este verso: "No sé extraer símbolos, escribo lo que veo.
Estoy ante el prodigio, no hay lección necesaria." ¿Crees que en poesía lo
imaginario es tan sólo lo impredecible, que jugamos con la falta de precisión
del lenguaje para crear asociaciones novedosas y conjunciones imposibles de
palabras? ¿El prodigio, lo poético, viene solo? ¿Es casi una revelación? ¿Cómo
se da?
En mi caso, muchas veces el prodigio poético, el aware, viene andando. En ocasiones sí es
como una revelación. Y en ocasiones viene con sus palabras, con sus términos no
del todo claros incluso para el poeta, pero que aun así dicen una verdad que otros
no han dicho de esa manera y este poeta necesita decir. Pero la precisión en el
lenguaje, el encontrar sin mayores retorcimientos expresivos las palabras exactas para dar cuenta de un momento único, que aunque se repita
cada día no nos hemos fijado, también puede crear gran poesía.
Esa preocupación por el lenguaje se da en Lar en poemas como La teoría, que transcribo completo:
El manual de Teoría Lingüística
dice que es agramatical que puedan
los telescopios mirar las estrellas
o las cucharas cargar las lentejas.
Así, la teoría dice que no podrán
tu pañuelo olerme el cuello,
tus nudillos ser procaces
ni tu forma de ir en bici
hablar la lengua iniciática.
Sea entonces nuestro amor
agramatical y práctico.
¿Crees que las posibilidades indagatorias del
lenguaje surgen de sus propias limitaciones?
Entiendo que sí; estoy de acuerdo. Es más, creo que
siempre el poema final queda lejos del poema imaginado, de lo que se quería
plasmar y transmitir, porque el lenguaje, el arma más poderosa y misteriosa que
tenemos los humanos, es limitado; aun así, a partir de esa evidencia,
forzándolo, trabajándolo, se pueden encontrar gemas. Pero, insisto, esto te lo
dice un poeta que, por lo general, sobre todo en los últimos años, busca no
torturar al lenguaje, no exprimirlo, sino utilizar un caudal más común, los términos
compartidos con los demás hablantes, para despojarlos y colocarlos en el lugar
preciso para que hablen de la poesía que nos rodea.
¿Cuáles serían tus obsesiones temáticas? Aparte de
la del amor, que es una constante en tu poesía.
Un poco, y aunque suene ambicioso o pretencioso,
dejar registro de mi tiempo. Ojalá que alguien, dentro de muchos años, pueda
coger mis libros y decir “así vivía, así sentía y pensaba un escritor y un
ciudadano de una ciudad mediana de la España de los dos mil diez, dos mil
veinte; me puedo meter en su piel”. Por ello escribo, fuera de la temática
amorosa, para poder hablar también de mi paisaje cotidiano, de lo que pienso
cuando camino, de lo que me parece hermoso de cuanto me rodea, de mi dolor y el
de los que me circundan, de las lanzas que se van esquivando y de las que nos
atraviesan... Pero con un intento claro: evidenciar que en mi tiempo, en mis circunstancias,
que son generalizables, se puede ser feliz, encontrar razones.
En Los que te
quedas tú, escribes: "Los
mejores poemas, / los que de verdad cuentan nuestra historia, / son los que se
desvanecen, / los que solo se adivinan, / los tres o cuatro versos / que
algunas noches dejo de apuntar / por miedo a despertarte. "¿Por qué
motivos renunciarías a la escritura?
Espero no tener que hacerlo nunca (otra cosa es que
la escritura renuncie a mí). Está claro que, si dejando la escritura pudiera
salvar a un familiar o a alguien querido de morir, por poner un ejemplo
peliculero y acientífico (espero), lo haría. Pero no quiero tener que hacerlo ni
por trabajo, ni por hijos, ni por otras circunstancias normales de la vida. En
ese caso, dejaría de ser yo; porque yo, Ramiro, soy alguien que, además de
hacer otras cosas, escribe poemas.
Lar
acumula unas cuantas citas más o menos directas. La voz a ti debida de Pedro Salinas. Jesús Aguado. Vasko Popa.
Santòka, el Tao. ¿Qué lees ahora? ¿Qué escritores te han influido más?
Ahora mismo ando con relecturas hispanoamericanas que
me piden en la UNED (estudio, con calma, Filología): Vallejo, Neruda, Gallegos,
Borges, Onetti, Carpentier, Vargas Llosa… Y estoy leyendo últimamente mucho clásico,
también: trágicos griegos, Horacio (un ejemplar de sus Odas debería venir con cada mesilla de noche Hemnes en Ikea),
Virgilio (¿cómo tardé tanto en leer la Eneida?),
Catulo, Safo…Y, en medio, lo último que ha caído en mis manos de Charles Simic
y de Mark Strand.
Por otro lado, en el libro hay dos citas directas
más, que son Emily Dickinson y Marco Aurelio. Y, aparte, creo que se ha tenido
que deslizar cierta atmósfera o temperamento de autores del beatus ille y de la celebración de la
vida: Fray Luis de León, W.C. Williams, Eloy Sánchez Rosillo, J.A. González
Iglesias;y de otros poetas contemporáneos y geográficamente próximos.
¿Qué te gustaría descubrir en otro poeta? ¿Qué
tener de otros?
No busco descubrir cosas concretas en otros poetas,
me enfrento a la lectura esperando conmoverme, sorprenderme, lo que venga. Sí
te puedo decir, por no irme muy lejos, que intento aprender de poetas
aragoneses (nuestra poesía está en un momento importante, me parece) a los que admiro
y con los que encuentro, sobre todo con algunos, cierta afinidad estética: Juan
Marqués, Fernando Sanmartín, David Mayor, Jesús Jiménez Domínguez, Ángel Gracia
u Olga Bernad, por ejemplo. Pero el listado, ampliado a España y el mundo,
ocuparía muchas páginas, claro.
¿Alguna recomendación de poesía reciente?
Últimamente me han encantado Contra las cosas redondas de Jiménez Domínguez, Blanco roto de Juan Marqués, Hierba en los tejados de Rafael Espejo, Ecosistema de Josep M. Rodríguez, Quien lo diría de Sánchez Rosillo, y he
vuelto a repasar y maravillarme con Mapamundi,
la antología de poemas del SXX que preparó para Siltolá Martín López-Vega hace
un par de años. Y ahora me está gustando mucho Siguiente vitalidad de Natalia Litvinova en La Bella Varsovia.
¿Nos regalas un poema inédito?
Por supuesto, ahí va:
VUELOS
Es
otra manera de inaugurarla:
unos
años después,
en
esta casa ya hemos aprendido
los
dos a soñar que volamos.
Yo
flotando a lo largo del pasillo
y
girando en las puertas
con
voltereta, como un nadador.
Tú
cuando por la calle
notas
cómo te empiezan a pesar
las
piernas y no quieres llegar tarde,
ni
cansada, ni triste.
Pero
nunca la misma noche.
Siempre
uno de los dos queda de guardia
para
que al otro no se le haga
más
difícil la vuelta.
"en esta casa ya hemos aprendido
ResponderEliminarlos dos a soñar que volamos."
Qué magnífica sonoridad en estos dos versos.
Gracias. Una entrevista sincera, agradable, precisa y que se disfruta.